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sábado, 3 de diciembre de 2011

Karma

Hombres solitarios, misóginos, que despreciaban el contacto con mujeres, fueron los que forjaron a los dioses. Los hicieron a su imagen y semejanza, despreciando a sus iguales las mujeres, y... negándolas todo derecho.

En un primer momento, existía el predominio de las diosas, y las sociedades eran más paritarias, más igualdad existía entre sus componentes; después, se impuso el poder patriarcal.

Y a su vez, llegaron los dioses masculinos; la mujer perdió todos sus derechos, únicamente, le quedaron obligaciones.
 
Las sociedades las habían puesto en un lugar despreciable y ellos, lo único que hicieron, fue aumentar esa desigualdad hasta que estas quedaron reducidas al mismo valor que cualquier otro animal.

 ¡Cero, cero valor! que se podía vender, cambiar, matar, enterrar vivas, y que cuando enviudaban era por su maldad: cuanto más joven la mujer enviudaba, más maldad había en ella y más grande era su culpa. Su deber era morir junto a su esposo.



La religión hinduista no tuvo un fundador, no fue una religión revelada. Es una suma de creencias religiosas, cultos, costumbres, rituales, que conforman una tradición; no existen órdenes sacerdotales, que establezcan un dogma único. Tampoco hay una organización central.


Es un conglomerado de creencias procedentes de pueblos de diferentes regiones, junto con las que trajeron los arios que se establecieron en la cuenca del río Ganges y, que fueron escritas al modo de revelaciones en los libros sagrados hinduistas.

Los hinduistas llaman a aquella tradición “religión eterna” porque creen que no tiene principio, ni tendrá fin. Ha existido, durante 5.000 años. Consideran los hindúes que es la religión más antigua del mundo, con unos 800 millones de fieles.

Brahma
Brahma, considerado el dios creador, junto con Vishnú y Shiva conforman “el Trimurti”, las tres deidades más importantes del Panteón hindú.

Es un mundo tan alejado del nuestro, que todos desearíamos conocer pero muy pocos quedarse allí a vivir; es una civilización que no podemos comprender, por mucho que lo intentemos.

La mayoría de las religiones, exceptuando la Judía, Cristiana y Musulmana, creen en la reencarnación. Según la religión hindú depende del Karma: en las vidas anteriores, los hechos buenos y malos que hemos realizado, durante las anteriores encarnaciones, repercuten en como será la siguiente reencarnación; si el peso es negativo, nuestra futura vida, puede ser la de un animal, un árbol, cualquier cosa, o si ha sido perfecta podríamos unirnos a Brahmna en su espiritualidad.

Al poderse reencarnar en cualquier cosa con vida, tienen costumbres diferentes a las nuestras y muy complejas.

Existe un templo en la ciudad india Deshnoke (estado de Rajastán) llamado templo de Karni Mata. En él conviven más de 20.000 ratas, las cuales son veneradas, reverenciadas, alimentadas y todo el templo está adaptado a estos roedores. Si alguna persona mata, queriendo o accidentalmente, a una tiene que entregar una réplica en oro o plata del animalito difunto.

Lo que sucede es que los hindúes creen que las ratas son las reencarnaciones de una líder de un pueblo y sus seguidores. Ella, con el dios de la muerte había hecho un pacto: si su hijo que acababa de morir era devuelto a la vida, ella y su pueblo, en las siguientes reencarnaciones lo harían como ratas.

En el siglo IV d. C. Mal-la Naga Vatsiasiana escribió como un texto religioso dirigido al pueblo, el más famoso y universal de los manuales de sexualidad.

Amigos, esta entrada sé que os va a resultar aburrida, pero es imprescindible para saber dónde nos situamos. La siguiente será muy amena, os lo prometo.