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viernes, 3 de diciembre de 2010

La Cibeles y más...

Es el monumento más emblemático que tenemos en Madrid. Pertenece a una diosa frigia (de Asia Menor, la actual Turquía). Se veneraba en aquella zona y sitios cercanos, desde hace más de seis mil años. Era llamada Jubila; también Agastatis. Los griegos y romanos la llamaron Cibeles.




Estaba representada por una piedra negra, un betilo caído del cielo. Se encontraba en un santuario en Pesimote. Cuando sus seguidores o fieles iban a hacerle un sacrificio, la diosa se posesionaba del betilo y desde ese lugar contemplaba las ofrendas.

Era la personificación de la tierra fértil, una diosa de las cavernas, murallas y fortalezas, de la Naturaleza y los animales (especialmente leones y abejas). Su título “Señora de los Animales”, revela sus arcaicas raíces paleolíticas.

Es una deidad de vida, muerte y resurrección.

Se la representa con una corona en forma de muralla y siempre acompañada de leones que tiran de un carro.

La leyenda los relaciona, con una singular pareja mitológica. Hipómenes y Atalanta que compitieron en una carrera de velocidad, donde el premio era la mano de Atalanta; sagazmente, Hipómenes lanzó unas manzanas de oro, lo cual distrajo un momento a Atalanta, que perdió la carrera.


El mito concluye con la unión impura de los amantes en un recinto sagrado de Zeus, que irritado los convierte en leones. Más tarde Cibeles compadecida los habría uncido a su carro.

Adicionalmente, para iniciarse en el culto a la diosa, sus sacerdotes eran castrados, como una contribución a la Madre Tierra. Además, hacían un sacrificio matando toros y bebiendo su sangre.

En el año 204 a. C. el Senado de Roma, resolvió (por consejo de los libros sibilinos), -en otro momento hablaremos de ellos- traer de Pesimonte la “piedra negra”, que simbolizaba a la diosa, y le erigieron un templo en el palatino.


Después, la leyenda es doble. Por un lado está su consorte, cuyo culto fue introducido más tarde, llamado Atis.

Por otro lado Atis es su hijo, al que adora desde el primer momento de su existencia. Cuando se hace efebo, le toma como amante e intenta que en ningún momento se separe de ella. Él le promete que jamás lo hará.

Pasear por la montaña es su única distracción. Un día quedose dormido junto a un gran árbol; vio pasar una ninfa de los bosques, se enamoró de ella y tomola al instante.

Pero Cibeles era una diosa, todo lo veía. Cuando Atis volvió a su lado, le castigó con crueldad, exigiéndole para siempre fidelidad absoluta.

Ante tanta presión, y el enojo del único ser de su vida y para no fallarle otra vez, en un instante de locura, se castró y junto al árbol donde había consumado su traición murió acompañado por su madre.

Pero... Atis era un dios, no podía morirse así, como así. Cuando la primavera llegaba resucitaba y estaba junto a su madre. Con la llegada del invierno volvía a morir.

Esta versión del mito nos introduce en el campo de las relaciones humanas, en las razones que nos llevan a no permitir que nuestros hijos aprendan a volar, a conocer a otras personas, a relacionarse con ellas a diferentes niveles. Y al miedo de la pérdida.

Es una leyenda para meditar, y no pasarla por alto.


¿Sabéis? En la India, donde la población suele ser tan pobre, los psiquiatras analizan al paciente, y en vez de recetarle medicinas que no podrían comprarse, les relatan una de sus innumerables leyendas relacionadas con su caso, para que lo comprendan y por sí mismos lleguen a la curación.



¿Que pasó con el pene de Napoleón Bonaparte?


Está enterrado en seis ataúdes concéntricos y mutilado; así yace Napoleón, sin pene entre otras cosas, en los Inválidos de Paris. Mutilado, partes de su intestino o de sus dientes han pasado por las salas de subasta, o vendidos directamente.

Los árboles que rodeaban su tumba en Santa Elena, fueron arrancados hasta ser astillas. Las gentes estaban en la creencia de que en esa madera estaba la esencia de Napoleón.

Napoleón pasaba sus días jugando a las cartas y solía hacer trampas, o también consultaba mapas y pensaba el porqué de la derrota de Waterloo. Muchos historiadores la achacan a un ataque severo de hemorroides que en esos momentos estaba atravesando Napoleón.

Al parecer padecía ginecomastia (un abultamiento o redondez de los pechos) de lo que se sentía muy orgulloso; lo tomaba a broma diciendo que cualquier mujer se sentiría orgullosa de ellas.

A propósito de la amputación del pene, hay dos versiones: en la primera, el sacerdote después de darle la extremaunción, le cortó el pene y se lo llevó. En la segunda, el médico Frank Richardson, que el pene cortado fue introducido en una caja cubierta de terciopelo y entregada al capellán de Napoleón, Ángel Paul Vignali. Se dice que el clérigo nunca le perdonó a Napoleón, que le acusara de impotente. En realidad se desconoce el verdadero porqué.

Muerto Vignali, sus herederos lo vendieron, hasta que en 1.972 un urólogo llamado Hohn K. Latimer, que falleció en 2.007, pagó en Cristie´s 400.000 dólares por el miembro.

Según el informante, el tamaño del pene era de cuatro centímetros; erecto sería seis y medio. Cuenta la historia que aunque tenía el pene pequeño, también era reconocido como un gran amante.

Hasta pronto amig@s.